Turno de oficio fue su primera oportunidad de ponerse frente a las cámaras de televisión, después vendría Canguros, dónde interpretó al novio de Maribel Verdú, Señor Alcalde, Hostal Royal Manzanares y finalmente su interpretación más popular, la de Mauri en Aquí no hay quién viva. Hace menos de un año que Luis Merlo se enfrentaba al reto de hacernos olvidar un personaje carismático como pocos, ahora ya podemos afirmar que el reto está superado. Luis es ahora Héctor de la Vega, un riguroso y contenido director de colegio con el que el actor ha vuelto a enamorar al público. Orgulloso de sus casi cuarenta y un años el actor afirma encontrarse en una de sus mejores etapas, ha encontrado la serenidad a nivel personal y en el terreno profesional llegan sus manos los mejores papeles. El hijo de María Luisa Merlo y Carlos Larrañaga compaginará la tercera temporada de la exitosa serie de Antena 3 El Internado con un nuevo montaje teatral de Arte en el que compartirá escena con Alex O´Doherty e Iñaki Miramón.
¿Que nos puedes adelantar de la tercera temporada de El internado?
Esta nueva temporada se van a explicar muchas cosas de la vida de Héctor, de su pasado y de por qué está aquí. Va a ser una temporada muy rica para Héctor. Lo demás aún es secreto...
Creo que ni siquiera vosotros sabéis lo que va a ocurrir en las tramas...
Muchas cosas no las sabemos, nos vamos enterando sobre la marcha y eso es bueno porque construyes el personaje sobre la base y luego vas incorporando situaciones. Héctor es un personaje comprometido con la enseñanza, con una relación de pareja conflictiva, una nueva mujer que aparece en su vida y un gran amigo de la infancia, sobre esa base van apareciendo nuevas circunstancias que le llenan de contradicciones.
¿Como estás viviendo la expectación que ha creado la serie?
Me da miedo, siempre me da miedo porque no comprendo por qué deciden ver o no ver algo en lo que yo trabajo. Cuantos más años tienes más miedo pasas porque más responsabilidad tienes. Siempre pienso que no van a venir a verme, en teatro tienes que convencerles de que salgan de casa pero en televisión es todavía más difícil porque tienen que dejar de ver otras cosas para verte a ti. Me exijo a mi mismo emprender todos los proyectos que acometo con el mismo deseo, con las mismas ganas y con la misma ilusión pero conseguir o no conseguir llegar al público es algo que se me escapa.
Has conseguido que olviden a Mauri...
Sí, ahora ya soy una trilogía: Luis Merlo para los que me siguen desde que empecé, Mauri para unos y Héctor para otros, la gente joven ya no sabe quien es Mauri. Era un gran reto conseguirlo pero lo hemos conseguido. Como intérprete tengo que buscar dentro de mi todo tipo de registros pero cuando me ofrecieron el proyecto fui muy sincero con ellos, quería correr el riesgo de intentarlo pero me parecía extraño que ellos se arriesgaran. Mauri era un personaje que podría haberme marcado a fuego pero desde el primer capítulo empezaron a mirarme de otra manera, ha sido un gran éxito para mi porque soy de naturaleza pesimista y no tenía claro que fuese a funcionar. La prueba ha sido superada, he pasado de hacer de gay extrovertido a convertirme en un profesor contenido.
¿Cómo estáis viviendo el fenómeno fan que se ha creado a raíz de la serie?
Es una cosa tremenda, el poder de la ficción es algo increíble. Las asociaciones de padres nos contaban que se ha acabado para ellos la amenaza de mandar a sus hijos a un internado si no estudian, los jóvenes de este país quieren ir a un internado.
Vas a volver al teatro con Arte...
Estrenaremos el diecinueve de agosto en Bilbao, haremos una gira por toda España y en enero llegaremos a Madrid. Comparto escena con Alex O´Doherty e Iñaki Miramón. Voy a interpretar a Iván, el papel que hacía Josep Flotats. Es un gran reto pero las funciones están ahí para hacer diferentes lecturas e intentar aportar otras cosas pero me pesa muchísimo acordarme de ellos, tengo que hacer verdaderos esfuerzos para olvidarme de su montaje porque si no no soy capaz de afrontar el proyecto.
¿Es en el teatro donde más a gusto te encuentras?
El teatro es la gran escuela del actor, te enseña mucho porque todo lo que sucede sucede ahí y en ningún sitio más, hay que encontrarlo en los ensayos, hacerlo llegar al público y mantenerlo vivo representación tras representación. Pero con la televisión sientas en la butaca a varios millones de personas en una sola noche y curiosamente te conviertes en parte de la familia, eso te da mucho también. A veces estás nervioso o cansado y cuando te paran no respondes como deberías y ves una cara de decepción espantosa en ellos, yo intento siempre disculparme cuando me pasa eso porque entiendo que soy como un primo para ellos.
¿Cómo preparas tus personajes?
Es obligatorio rascar en tu mundo emocional para averiguar que le puedes dar a cada personaje pero ese rascar duele, cada vez que haces un cambio de registro te arriesgas mucho pero si no pasas por ello acabas siendo una copia de ti mismo. Ensayo mucho cada personaje, busco como sería y cuando lo tengo construido lo saco a la calle una tarde para ver como reacciona la gente.
¿Cuando disfrutas más: preparando el personaje o recogiendo sus frutos?
Admiro mucho a los Don Juanes porque a mi el proceso de seducción me pone de los nervios, yo estoy deseando acomodarme para poder decirle al otro: mira que a gusto estamos aquí. Con los personajes me pasa igual, el proceso de ensayos es una amargura absoluta para mi porque el ideal que tengo yo del personaje siempre es más grande de lo que yo mismo puedo llegar a conseguir. El actor siente mucho miedo pero no es bueno deshacerse de él al completo, hay que rellenar los espacios que deja el miedo con buenos compañeros y emociones sanas.
Dicen que eres tremendamente generoso trabajando...
No, mis compañeros lo son mucho más que yo, lo que ocurre es que son muy jóvenes y me miran como miraba yo a otros cuando empecé, lo único que hago es tratarles como me hubiese gustado que me tratasen a mi y como algunos me trataron. He crecido mucho trabajando con ellos.
Tienes un gran sentido de la responsabilidad...
A veces excesivo, pero conmigo mismo porque hacia el público nunca es excesivo. El peor enemigo del arte es el mal arte. Mi abuelo decía que éste era el único oficio en el que uno empieza siendo soldado raso y llega a coronel para convertirse en soldado raso de nuevo y es verdad. Dentro de un año y medio Luis Merlo estará quemado para la televisión y tendrá que volver a empezar de cero. El día que Luis Merlo quiera dejar de aprender se morirá.
¿Es heredada esa disciplina?
Pienso que sí, me han educado en la disciplina del escenario, he jugado entre bambalinas y allí había que jugar entre susurros. Me han enseñado a no tomarme demasiado en serio ni el éxito ni el fracaso. Los actores vivimos con el juicio de la crítica, del público y de la profesión permanente el pie y tenemos que relativizar.
¿A quién recurres cuando buscas sinceridad?
La opinión sincera solo te la puede dar la gente que te ama y esa es la única que importa, todas las demás están mediatizadas.
¿Se paga un precio por el éxito?
Sí, por el éxito y por todo se paga un precio. El precio a veces es alto. Mi vida está un poco más vacía ahora que tengo éxito, no puedo ver a la gente que quiero tanto como me gustaría pero no me voy a atrever a quejarme cuando hay grandes actores con mucho más talento que yo trabajando como camareros. Gracias a la iniciativa de mi hermano Pedro hemos conseguido que un teatro de casi cien años de antigüedad no se convirtiera en un banco, eso es ya suficiente éxito para mi.
Los actores estáis siempre en la cuerda floja, tal vez sea ese vuestro más alto precio...
Así es, antes de Aquí no hay quien viva tuve que pedir una ampliación del crédito para que no me quitaran la casa y ahora me he comprado dos, pasado mañana las tendré que vender y así...
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