Con solo 19 años, la hija de Lolita y heredera artística de los Flores se ha convertido en toda una actriz por méritos propios. A su genio de une su belleza, que luce como modelo en este reportaje.

La he visto nacer, crecer y convertirse en la mujer que hoy es. Vino al mundo con los destellos de los flashes pegados a su piel, pero la única luz que le deslumbra es la de los genes raciales que corren por sus venas. Ha respondido a la llamada del arte con el respeto de quien venera la memoria ancestral de su abuela... Y es que descender de Lola Flores exige, como poco, tener un master en carisma y poderío.

¿Recuerdas el momento de "Mamá, papá, ¡quiero ser artista!"?
No hubo ningún día en especial. Desde niña me gustaba mirarme en los espejos, ser muy teatrera, que me presentaran y aparecer detrás de una cortina. El artisteo siempre estuvo ahí, pero no me he dado verdaderamente cuenta de que esto es lo mío hasta ahora, que lo estoy viviendo y disfrutando.

¿Y te acostumbrarás a llevar esta vida "en primera persona"?

Ha sido un cambio. Ahora soy el centro de atención, me cuidan, están por mí. Es una sensación rara, pero ¡me encanta! ¿Y sabes una cosa? Cuando voy por la calle y me reconocen, ya no soy la hija de Lolita, soy Elena Furiase o Vicky, la de El Internado.

¿Crea adicción ser el centro de todo?
Sí, ya sabes que yo siempre he sido muy egocéntrica. Siempre me ha gustado llegar a una fiesta y que todos me miraran, o que esté hablando y todos me escuchen.

Cuando decidiste ser artista, ¿tu madre intentó disuadirte o te dio su apoyo?
Me dijo que hiciese lo que me gustara, pero que no dejase de estudiar, porque hacer algo de provecho en los estudios, en la familia Flores, no venía nada mal (risas). Siempre me ha apoyado. Si yo ahora estoy aquí es porque mi familia ha estado siempre a mi vera.

¿Produce vértigo haber nacido en la familia en las que estás?
¡No he conocido otra! Cuando era niña lo asumía con total naturalidad. A medida que he ido creciendo y que la gente me admira más por ser una Flores me intimida un poco porque implica mayor responsabilidad y respeto. Yo creo que paso un examen todos los días.

¿Sientes que te exigen más?

Sí, pero lo asumo con naturalidad. Sé que me miran con lupa, porque mi familia ha dejado mucha huella desde hace cantidad de años. Supongo que esperan que dé la talla. Creo que no lo estoy haciendo tan mal y confío no solo en dar la talla, sino mejorar la raza (risas).

Tuvo que desaparecer tu abuela, la inolvidable Lola Flores, para que a tu madre le valoraran su talento. ¿Sientes que la historia se repite contigo?

No. Mi madre es mucha madre y, al margen de mi pasión de hija, creo que es una artistaza increíble. Toca todos los palos, es muy cercana, se come el mundo, es amable, muy profesional y pocas veces ha perdido la compostura. Pero Lola Flores era Lola Flores; no ha habido otra igual, era única. Hacía sombra a todas, incluida a su hija. Ha sido una leyenda. A su lado era imposible sobresalir, porque su fuerza lo concentraba todo. Yo creo que me pesa más ser la nieta de Lola Flores que la hija de Lolita. Nunca me he visto a la sombra de mi madre porque ella ya se preocupa de no hacérmela.

¿Es tu peor crítica y tu mayor fan?
Sin ninguna duda. Siempre me dice lo que piensa y, cuando es algo malo, lo adorna para que quede bien, evitando siempre hacerme daño. Nunca olvido que es mi madre y que puede no ser objetiva pero, aún así, cuando tengo una duda o algún miedo, a la primera que se lo voy a contar es a ella y a Pablo.

¿Como sobrevives a sus opiniones?
Escuchándoles y cogiendo lo mejor. Mi madre es muy visceral y Pablo todo lo contrario, así que casi nunca están de acuerdo. Es por lo único que discuten, así que los cojo por separado y evito las diferencias. Mi madre es de las que dice lo primero que se le viene a la cabeza y Pablo es mucho más racional, por eso creo que se llevan tan bien.

¿Que ha aportado Pablo a tu vida?
Muchas cosas. Cuando estábamos solos, mi madre, mi hermano y yo vivíamos muy bien, pero había momentos en los que mi madre no podía con los dos. Pablo ha venido a darnos a todos estabilidad. No es mi padre ni ejerce como tal, pero es la figura varonil que tenemos en casa y en la que nos respaldamos. Siempre hace todo muy educadamente, nunca nos impone nada. Es uno más de los Flores y nos llevamos bien porque todos hemos sabido respetar nuestros espacios.

¿Ves a tu madre cambiada?
Veo a mi madre feliz y eso es lo único que me importa. Pablo me ha dado a mí también tranquilidad porque antes, cuando yo salía por la noche, siempre pensaba en volver antes a casa porque mamá estaba sola. Ahora sé que está con Pablo, porque son como dos lapas, que no se separan para nada.

¿El mejor piropo de tu madre para ti?
Que le habría gustado ser como yo de jovencita, pero sabe cuál es su sitio. Un día, estábamos almorzando en cada con unos amigos y uno de ellos dijo: "La mejor actriz de la familia es Elena". Y a mi madre le salió el temperamento Flores y contestó: "No, perdona, ¡aquí la mejor actriz de la familia soy yo. A mi hija, como actriz, le doy una patada". Creo que esa ha sido la peor crítica que me ha hecho (risas).

¿Preparada para perder tu intimidad?
Creí que lo estaba, pero después de las fotos robadas del falso topless que me hicieron este verano, cuando me encontraba en la playa con el que era en aquel momento mi novio, me he dado cuenta de que no lo llevo tan bien. Yo no hago topless en la playa. Esperaron un gesto mío en el que se me viera el hecho para hacer las fotografías y cogerme de esa forma. Se violó mi intimidad y de un shock para mí. Ahí me di cuenta de que ya no soy una persona privada.


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